domingo, 30 de noviembre de 2014

Las cosas de Georges Perec.



Citada por Mazower en su obra La Europa negra es una novela fundamental para entender los procesos silenciosos que erosionaron las ideologías del siglo XX y un diagnóstico certero de las contradicciones sociales de la edad dorada, del bienestar y el consumo emocional. Se lee en poco tiempo, apenas 150 páginas. La cita final de Marx es la síntesis analítica perfecta para una lección descriptiva. La recomiendo.  


Y así fue como, poco a poco, insertándose en la realidad de modo algo más profundo que en el pasado cuando, hijos de pequeñoburgueses sin talla, y luego estudiantes amorfos e indiferenciados, sólo habían tenido del mundo una visión mezquina y superficial, empezaron a entender lo que significaba ser gente bien. 

Esta última revelación, que no fue tal en el sentido estricto de la palabra, sino el término de una lenta maduración social y psicológica, de la que les hubiera resultado difícil describir los estados sucesivos, completó su metamorfosis.

¿Dónde estaban los peligros? ¿Dónde estaban las amenazas? Millones de hombres lucharon antaño, e incluso luchaban aún, por pan. Jerome y Sylvie no creían que se pudiera luchar por divanes Chesterfield. Pero, no obstante, hubiera sido la consigna que los habría movilizado más fácilmente. Pensaban que nada los concernía en los programas, en los planes: no les importaban las jubilaciones anticipadas, las vacaciones alargadas, los almuerzos gratuitos, las semanas de treinta horas. Querían la superabundancia; soñaban con platinas Clément, con playas desiertas para ellos solos, con viajes alrededor del mundo, con grandes hoteles.
El enemigo era invisible. O, mejor dicho, estaba en ellos, los habría podrido, gangrenado, destrozado. Eran los que pagan el pato. Criaturas dóciles, fieles reflejos del mundo que se mofaba de ellas. Estaban hundidos hasta el cuello en una tarta de la que sólo obtendrían las migajas"