viernes, 1 de marzo de 2013

El héroe corriente


El pasado sábado se publicaba en el El País un artículo de Antonio Muñoz Molina titulado "Guerreros desganados"  que trababa un tema clave a la hora de acercarse a la comprensión de los procesos históricos, la cuestión del agente y la motivación de la acción. Días después leyendo "La estrategia de la ilusión", una recopilación de artículos de Umberto Eco, me encuentro de nuevo una reflexión interesante en el mismo sentido. Necesidad, determinismo, libertad, compromiso, etc...desmontando la tarea del héroe de cliché, de la gesta oficial, del relato justificativo. 

Los verdaderos héroes, aquellos que se sacrifican por el bien colectivo y que la sociedad reconoce como tales, tal vez mucho tiempo después, mientras que en su momento fueron tachados de delincuentes e irresponsables son siempre personas que actúan de mala gana. Gente que muere, pero que prefiriría no morir; que mata, pero que quisiera no matar, de tal manera que después renuncian a vanagloriarse de haber matado por necesidad.
Los verdaderos héroes son siempre arrastrados por las circunstancias, jamas eligen, porque, si pudieran, elegirían no ser héroes. Valga por todos, el ejemplo de Salvo D´Acquisto, o de tanto partisanos huidos a las montañas, capturados y torturados, que no hablaron para disminuir el tributo de sangre, no para alentarse.
El héroe verdadero lo es siempre por error, su sueño sería ser un honesto cobarde como todos. De haber podido, hubiera resuelto la situación de otro modo, de manera incruenta. No se vanagloria de su muerte ni de la ajena. Pero no se arrepiente. Sufre en silencio, son los demás quienes luego lo explotan y hacen de él un mito, mientras él, el hombre digno de estima, era tan solo un pobre hombre que supo captar con dignidad la existencia de estos fenómenos.
Si no se acepta y no se reconoce con valentía de la fatalidad de estos comportamientos, se corre el riesgo de ser tan idealista y moralistas como aquellos de quienes reprobamos la locura sanguinaria.