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viernes, 12 de octubre de 2012

J. Lancaster. !Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar.


Entre la cantidad de libros que abundan por las librerías sobre la crisis me llamó la atención el libro de John Lancaster, sin duda, tuve suerte. Del libro se pueden destacar muchas virtudes, estilo didáctico, ironía argumental (siempre necesaria), dosis de análisis con bastante claridad y sencillez y un dominio del tema bastante solvente por parte del autor, economista e hijo de banquero.

¿Qué me puede aportar el libro? Mi respuesta sería sería la siguiente, el libro aporta un esquema de comprensión de la actual crisis económica bastante completo con tres grandes ejes explicativos. El primero desgrana el modelo de capitalismo financiero nacido del fin de la guerra fría, "con la caída del Muro de Berlín, el capitalismo dio comienzo a una fiesta de la victoria que se prolongó durante casi dos décadas" y sus consecuencias, modelo paradigmático de esto es la Gran Bretaña de Margaret Thatcher y su herencia: desregulación y ascenso del poder financiero materializado en la City londinenses. En segundo lugar, el aspecto más complicado y técnico del libro, definido por el autor como la ciencia espacial, es el repaso por la efervescencia en la creación de nuevos instrumentos financieros, derivados, opciones, futuros, etc.. y de la matematización de la economía con la aparición de los quants, "todo avión que llegaba de Rusia tenia al menos un última fila llena de físico-matemáticos rusos en camino de Wall Street". En este aspecto la crítica del autor es, a mi juicio, de lo más novedosa, se repasa el fundamento de la idea de riesgo por extenso, se cuestiona la racionalidad estratégica propia e incontestada de los expertos y ello, no únicamente desde tesis keynesianas "no hay nada tan desastrosos como una política racional en un mundo irracional" sino también de una forma sistemática siguiendo los estudios de Daniel Kahneeman y Amos Tversky sobre las "ilusiones cognitivas" concluyendo en que "nuestras dificultades estructurales para tratar con la probabilidad y el riesgo son muy profundas". El tercer gran eje sería, el mercado inmobiliario y el sistema hipotecario, fundamentalmente el norteamericano, aunque se repasan también lo que ha ocurrido en Islandia, Irlanda, Gran Bretaña y España. En ese punto, destacaría el planteamiento socio-político que hace el autor respecto al hecho de la posesión de la vivienda, fundamento de políticas variadas pero que ejemplifica con la democracia de los propietarios de M. Thatcher o el slogan de campaña de Hoover "Sea propietario de su hogar".
Junto a estos ejes se repasan cuestiones interesantes como la influencia del superavit comercial de China, la gestión de Greenspan al frente de la Reserva Federal, el maquillaje contable de parte de la banca, la omnipresente presencia de la banca J.P Morgan, las pautas éticas de la cultura financiera y la debilidad del poder político para hacer frente al poder financiero.
El libro se cierra con un capítulo de título sombrío: la factura, esa misma que estamos pagando los contribuyentes socializando las pérdidas, no tomando las riendas de una nacionalización de la banca por inconveniencia política, no diciendo ¡basta! a lo que el sentido común de un taxista islandés define con exactitud "treinta o cuarenta personas son las que hicieron esto, y a el resto lo tenemos que pagar". Con todo, un libro interesante que siempre nos deja una última cita para la esperanza.

"Cuando la acumulación de riqueza deje de revestir tanta importancia social, se producirán profundos cambios en los códigos morales. Estaremos en condiciones de liberarnos de muchos de los falsos principios morales que nos han atormentado durante dos siglo, induciéndonos a elevar algunas de las más desagradables características humanas a la condición de excelsas virtudes" 

Se refería a la codicia y el afán de posesión. 

La democracia de los propietarios "Sea propietario de su hogar"



En Gran Bretaña, fue Margaret Thatcher quien habló de "democracia de propietarios" y quien, con más energía que ningún otro politico, persiguió políticas destinadas a incrementar el nivel de propietarios de su vivienda, ampliando desgravaciones fiscales sobre las hipotecas e introduciendo un nuevo derecho a comprar sus viviendas para los inquilinos de casas de proteccción oficial. Estas ideas llevan implícito un fuerte matiz político: la creencia de que los propietarios de sus casas -para decirlo sin rodeos- tienes mayores posibilidades de ser conservadores, con minúscula y con mayúscula. 

En Estados Unidos, fue la insólita figura de Herbert Hoover quien inició el impulso a la creación de políticas gubernamentales que favorecieran la propiedad de la vivienda familiar. Mas adelante, Hoover sería un modelo de conservadurismo complaciente en su estado mas soporífero, razón por la cual resulta tan extraño que hiciera semejante cruzada de la vivienda en propiedad. Para Hoover "nada es peor que el crecimiento del inquilinato y del arrendamiento" ya que " el titular de una vivienda en propiedad tiene un objetivo constructivo en la vida (...) Trabaja más duramente fuera de su casa, pasa sus horas de ocio de forma más provechosa y tanto él como su familia viven una vida mejor, disfrutan de comodidades y el refinamiento cultural de nuestra civilización moderna.

John Lanchester, !Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar. Anagrama, 2011.